Cuando el aliento en fragil suspiro reposa en un valle de incógnitas los ecos de los atardeceres enmudecen bañados en sombras.
Los tilos que hasta ayer fueran camino serpenteado de alondras. hoy ante la duda mordaz, no son más que barro y escorias.
Y la fresca ilusión cersenada en sus ansias descuelga avatares de soledades preñadas en el infinito mar de la desconfianza. ¡Todo es gris, en ese cielo de esperas frustradas!
¡Azules profundos manchados de negro! ¡Espíritus caidos en lo más hondo de los abismos! ¡Tristeza del alma por amores roídos desafiando el tiempo muerto de alondras y de alegres trinos!
Aquí está el pan, el vino, la mesa, la morada: el menester del hombre, la mujer y la vida: a este sitio corría la paz vertiginosa, por esta luz ardió la común quemadura.
Honor a tus dos manos que vuelan preparando los blancos resultados del canto y la cocina, salve! la integridad de tus pies corredores, viva! la bailarina que baila con la escoba.
Aquellos bruscos ríos con aguas y amenazas, aquel atormentado pabellón de la espuma, aquellos incendiaron panales y arrecifes
son hoy este reposo de tu sangre en la mía, este cauce estrellado y azul como la noche, esta simplicidad sin fin de la ternura.